Cualquier paisaje puede ilustrar la presentación de CantoAmérica: una playa cubana o un cerro tucumano. El cuarteto vocal, haciendo honor a su nombre, realizó un viaje musical de lo más variado que abarcó algunos de los estilos más importantes de Latinoamérica. Un tributo a la música.

Eran las 22.20 y no entraba un alfiler en el Centro Cultural Virla. Motivo suficiente para que la orquesta saliera al escenario y sin preámbulos comenzara a tocar. La música de los siete artistas, todos vestidos de un prolijo negro, junto a los entusiasmados aplausos del público le dieron la bienvenida al cuarteto vocal. Fernando Navarro, Pilar Labanda, Constanza Padilla y Raúl Dip subieron al escenario y empezó el show "De todo para todos".

Como si fuera un playlist en modo aleatorio, los músicos pasaron de una bossa nova a un carnavalito, sin ninguna conexión más allá del antojo de los artistas por cada estilo que recorre Latinomérica. "Este recital es todo a como salga", anunció Dip.

Padilla introdujo el tercer tema recitando un valsecito que destiló melancolía. A ella se sumó la guitarra de Dip y poco después la orquesta junto a las voces de Navarro y Labanda. La fuerza de las cuatro voces quedó un momento de lado cuando comenzó "Love of my life", de Freddie Mercury. En esta ocasión la parte vocal corrió por cuenta de las chicas porque, como después apuntó Dip, "no hay caso con el inglés". Y antes de arruinarla, el ala masculina del cuarteto se las ingenió para aportar a la interpretación arreglos de guitarra y flauta. Aunque el tema tuvo su pequeño traspié al comienzo y los problemas con el sonido no ayudaron, el cuarteto consiguió demostrar que sus gustos y capacidades, va más allá de Latinoamérica.

Tango y folclore
"Honrar la vida", el tango de Eladia Blázquez popularmente conocido por las interpretaciones de Baglietto y Sosa se llevó unos eufóricos aplausos del público que, evidentemente, extrañaba a CantoAmerica. La orquesta abandonó momentáneamente el escenario y dejó que el cuarteto vocal se luciera con "Zamba para no morir". Luego de la interpretación, Dip anunció que era momento de pasar a "lo más tradicional del folclore latinoamericano" y el cuarteto miró para atrás. Tras unos minutos de silencio salió uno de los violinistas y, por medio de unas muy bien interpretadas señas, dio a entender que el resto de la orquesta se había pasado de copas durante el pequeño descanso. La situación provocó risas e incertidumbre entre el público que no entendía si era un error o una actuación. Sin muchas opciones, el cuarteto decidió hacer una interpretación a capela de "Pajarillo verde". La canción tradicional venezolana mostró lo mejor de CantoAmérica, que con un gran trabajo vocal combinó una amalgama de tonos que ratificó que, a veces, los instrumentos simplemente están de más.

Después de la bossa "Oh que será" de Chico Buarque volvieron los ritmo argentinos, y tucumanos, con "La trunca de la gente", chacarera de Luis"Pato"Gentilini, para pasar finalmente a "Balada para un loco", el gran tema de Piazzolla. El final fue con bises y una ovación.